Alex Suau
Identidad y cambio · 4 min

Dejá de castigarte. Ya pasó.

— El Cuaderno · 08

La frase más importante que me dijeron en terapia no cambió el pasado. Cambió la forma en que seguía viviendo dentro de él.

Alex Suau · Ensayo 08

Un día me quebré en terapia.

Habían pasado pocas semanas desde que me diagnosticaron una enfermedad crónica.

Ese tipo de noticias tiene un efecto extraño.

De repente, toda tu vida pasa por delante como si alguien hubiera acelerado la película.

Decisiones.

Errores.

Cosas que hiciste.

Cosas que no hiciste.

Intentar mantener la compostura

Recuerdo estar sentado frente a mi psicóloga intentando mantener la compostura.

Duré poco.

Empecé a llorar.

No era solo miedo a la enfermedad.

Era algo más profundo.

La sensación de estar cargando con demasiadas cosas del pasado.

Errores antiguos.

Culpa.

Versiones de mí mismo que ya no existían.

Mi psicóloga no dijo nada durante varios minutos.

Me dejó llorar.

No intentó ordenar lo que estaba diciendo.

No me ofreció una explicación.

No convirtió el momento en una lección.

Esperó.

Cinco palabras

Cuando finalmente levanté la cabeza, dijo algo muy simple:

“Dejá de castigarte. Ya pasó.”

Cinco palabras.

Nada más.

No borraron ninguna decisión.

No cambiaron el diagnóstico.

No repararon aquello que yo lamentaba.

Pero abrieron una separación que hasta entonces no había sabido hacer:

una cosa era asumir el pasado;

otra, seguir utilizándolo para castigarme.

El castigo no repara el pasado. Solo nos mantiene viviendo en él.

Juzgar con la conciencia de hoy

Es fácil mirar una versión antigua de nosotros con la claridad que tenemos ahora.

Ver lo que no vio.

Señalar lo que debería haber entendido.

Condenar las decisiones que tomó.

Pero aquella versión no tenía esta conciencia.

No sabía lo que sabemos hoy.

Actuó con sus miedos, sus recursos, su contexto y sus límites.

Comprenderlo no significa justificarlo todo.

Tampoco evitar la responsabilidad.

Significa dejar de confundir responsabilidad con condena.

Podemos reconocer el daño.

Pedir perdón.

Reparar lo que todavía se pueda reparar.

Y, aun así, dejar de vivir como si el sufrimiento presente pudiera modificar lo que ya ocurrió.

Lo que veo ahora

Con el tiempo empecé a reconocer ese mismo mecanismo en otras personas.

No siempre están bloqueadas por falta de estrategia.

A veces saben qué hacer.

Lo que no pueden es avanzar mientras siguen castigándose por decisiones tomadas años atrás.

Errores.

Oportunidades que dejaron pasar.

Relaciones.

Versiones antiguas de sí mismas.

Buscan una respuesta para el futuro mientras una parte de su energía continúa discutiendo con el pasado.

No hay plan que resuelva esa pelea.

Porque el problema no es no saber hacia dónde ir.

Es creer que todavía hay que pagar por haber sido quien fuiste.

Dejar de vivir allí

Aquel día no salí de terapia convertido en otra persona.

Las cinco palabras tardaron en encontrar su lugar.

Volvieron después.

En momentos de culpa.

En recuerdos.

En esa costumbre de revisar lo que ya no puede cambiarse.

“Ya pasó” no es indiferencia.

Es aceptar que el pasado puede enseñarte sin seguir gobernándote.

Que una versión anterior de vos puede haber cometido errores sin convertirse en una condena permanente.

Que seguir sufriendo no demuestra que entendiste mejor.

A veces el cambio no empieza con una decisión nueva.

Empieza cuando dejás de castigar a quien tomó las anteriores.

Cuaderno · 08 Punto Cero