Alex Suau
Identidad y elección · 4 min

Si no podés decir que no, no estás eligiendo

— El Cuaderno · 06

La frugalidad no consiste en vivir peor. Consiste en necesitar menos para recuperar margen de maniobra.

Alex Suau · Ensayo 06

El lujo no es dejar de trabajar.

El verdadero lujo hoy es poder elegir a qué le decís que no.

Poder decidir para qué trabajás.

Con quién te sentás en una mesa.

En qué tipo de cultura.

Y si eso que hacés todos los días te representa o te vacía.

El coste de la vida que sostenemos

Vivimos en una época en la que es fácil confundir éxito con visibilidad.

El puesto perfecto.

El estatus.

Las vacaciones que parecen sacadas de un catálogo.

Miramos el resultado.

Pocas veces miramos el mecanismo que obliga a sostenerlo.

Trabajando en el sector social, rodeado de realidades vulnerables, vi una paradoja enorme:

muchas decisiones profesionales no nacen de un propósito genuino, sino del estilo de vida que decidimos mantener.

Más gastos fijos.

Más compromisos.

Más miedo a soltar.

Entonces aceptamos lo que aparezca.

No porque lo elijamos.

Porque necesitamos que continúe entrando dinero suficiente para que nada se mueva.

Trabajar para mantener algo que no disfrutás

Hay una pregunta que incomoda:

¿estás trabajando para sostener un conjunto de suscripciones y cuotas, o para construir una vida que te represente?

No siempre podemos elegir.

Hay obligaciones reales, personas a cargo y momentos en los que sobrevivir ocupa todo el espacio.

Pero también hay necesidades que se fueron acumulando sin que volviéramos a preguntarnos si seguían teniendo sentido.

Cada una parece pequeña.

Juntas pueden decidir qué trabajo no podés dejar.

Qué conversación evitás.

Qué cultura tolerás.

Qué parte de vos postergás.

Cuanto más necesitás, menos elegís.

Frugalidad no es austeridad triste

Durante mucho tiempo se presentó la frugalidad como privación.

Vivir con menos.

Renunciar.

Achicar la vida.

Yo la veo de otra manera.

La frugalidad es margen de maniobra.

Es poder cambiar de rumbo.

Es poder priorizar valores y personas antes que un salario o un prestigio que no te cuidan.

No se trata de rechazar el dinero.

El dinero compra tiempo, seguridad y opciones.

El problema aparece cuando el estilo de vida consume todas esas opciones antes de que podamos ejercerlas.

Ganar más puede aumentar el margen.

Necesitar menos también.

Y a veces lo hace de una forma más inmediata.

Ordenar la casa por dentro

Nunca hubo tantas posibilidades.

Eso no significa que vivamos con más libertad.

Podés tener muchas opciones y ninguna capacidad real de decir no.

Podés elegir entre empleos, ciudades o proyectos y seguir tomando cada decisión desde el miedo a perder una identidad.

La libertad no empieza únicamente fuera.

También empieza cuando ordenás la casa por dentro.

Ser quien realmente quiero ser.

Hacer lo que tiene sentido para mí.

Tener solo lo que verdaderamente importa.

No como una fórmula.

Como una manera de revisar qué estoy pagando con cada cosa que sostengo.

Algunas se pagan con dinero.

Otras con horas.

Otras con silencio.

Otras con la imposibilidad de irte.

El valor de un no

Decir no no siempre es un gesto espectacular.

Puede ser rechazar un compromiso.

Cancelar una suscripción.

No cambiar de coche.

Dejar de perseguir una imagen.

O aceptar que algo que impresiona desde fuera ya no te representa.

Cada no libera un poco de espacio.

No para hacer menos por principio.

Para poder elegir mejor.

Quizá no se trata de ganar más.

Quizá se trata de necesitar menos para que, cuando algo te vacíe, tu vida todavía te permita decir:

no.

El Cuaderno · 06Alex Suau