Alex Suau
Atención · 4 min

No estás cansado: estás sobreestimulado

— El Cuaderno · 04

A veces no falta descanso. Falta dejar de llenar cada silencio con algo que reclama atención.

Alex Suau · Ensayo 04

No creo que hoy el gran problema sea la falta de felicidad.

Creo que es la pérdida de atención.

Durante muchos años pensé que la felicidad aparecía en momentos concretos.

Un logro.

Un viaje.

Una buena noticia.

Hoy mi experiencia es distinta.

Tiene menos que ver con alcanzar algo y más con estar presente cuando algo ya está ocurriendo.

La vida fragmentada

Una conversación tranquila.

Un paseo sin prisa.

Un día normal.

Son cosas sencillas. También son cada vez más difíciles de habitar.

Nuestra atención vive interrumpida.

Abrimos el móvil para mirar una cosa y saltamos a otra.

Después a otra.

Una notificación lleva a una aplicación. La aplicación a un vídeo. El vídeo al siguiente.

Cuando volvemos, quizá no recordamos qué buscábamos.

No siempre es falta de voluntad.

Muchas veces es diseño.

Hay empresas compitiendo por capturar nuestra atención cada minuto. Nuestro tiempo forma parte de su negocio.

Para conseguirlo no necesitan obligarnos.

Les basta con ofrecer novedad infinita, recompensas impredecibles e interrupciones constantes.

El aburrimiento que evitamos

Decimos que estamos cansados.

A veces estamos sobreestimulados.

El aburrimiento podría ser descanso, pero lo evitamos como si fuera un problema.

Esperar sin mirar una pantalla.

Comer sin contenido.

Caminar sin música ni podcast.

Sentarnos unos minutos sin hacer nada.

Parece poco.

Sin embargo, ahí se ve hasta qué punto el cuerpo está quieto y la atención sigue corriendo.

Durante años utilicé estímulos como una forma de no parar.

Pantallas.

Contenido.

Ruido.

Yo tardé más de cuarenta años en empezar a desenredarlo.

Fue incómodo, porque implicó renunciar a cosas que ofrecían confort inmediato.

Después pasó algo.

Volví a estar en mí.

No siempre te falta disciplina. A veces te sobra ruido.

Quién administra tu vida

Con el tiempo empecé a decir que no.

A Instagram y Facebook.

A YouTube.

A Netflix.

A notificaciones que aparecían como si todo fuera urgente.

No porque esas herramientas sean malas por sí mismas.

Porque había dejado de elegir cuándo entraban.

Mis dedos iban hacia ellas casi solos.

Cuando no sabía qué hacer, hacía clic.

Cuando aparecía una incomodidad, buscaba estímulo.

Cuando quedaban diez minutos libres, alguien ya había decidido cómo llenarlos.

Ahí está la pregunta:

¿quién administra tu vida?

¿Meta, Netflix, Google, Amazon?

¿O vos?

La respuesta no está en lo que decimos, sino en lo que ocurre con nuestros minutos cuando nadie los está mirando.

Recuperar espacio

Empecé a eliminar.

Aplicaciones.

Suscripciones.

Notificaciones.

Distracciones.

Y recuperé:

calma;

tiempo;

foco;

sueño;

relaciones.

No fue magia.

Fue limpieza.

La atención volvió poco a poco, como vuelve la sensibilidad a una parte del cuerpo que estuvo dormida.

Al principio aparecía el impulso.

Después, un espacio.

En ese espacio podía decidir.

Leer.

Caminar.

Cocinar.

Hablar con alguien.

O no hacer nada.

Estar aquí

Cuando entendés de verdad que la vida es finita, muchas preocupaciones pierden peso.

Empezás a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas.

Pero para verlas necesitás estar.

Sin atención, la presencia siempre parece estar en otra parte.

Y sin presencia, la felicidad también.

No se trata de alcanzar un estado perfecto de calma.

Tampoco de convertir el minimalismo digital en una identidad nueva.

Se trata de volver a tener margen.

De poder escuchar con claridad.

De elegir qué entra.

Cuando recuperás tu atención, la vida deja de sentirse tan fragmentada.

La pregunta ya no es qué te falta.

Es qué sobra entre vos y el momento que está ocurriendo.

El Cuaderno · 04Alex Suau